Afiliación inmediata a la seguridad social: el deber que protege a tu empresa y a tus trabajadores



Nadie debería trabajar sin red de seguridad

Hay una reflexión que brilla por su ausencia en la mayoría de los procesos de contratación: ¿qué sucedería si este trabajador sufre un accidente esta tarde, cuando todavía no hemos terminado los papeles?

La respuesta, en la mayoría de los casos, es incómoda: el trabajador quedaría desprotegido, y la empresa asumiría una responsabilidad para la que nadie está preparado.

Este no es un caso extremo que solo les ocurre a otros. Es una realidad cotidiana que ocurre en miles de empresas de todos los tamaños, en todos los sectores y en todos los países.

El intervalo sin cobertura: uno de los riesgos más invisibles del mundo laboral

En muchas organizaciones existe una zona gris que se considera normal. Esa zona gris no es normal. Es ilegal en la mayoría de los sistemas jurídicos y, sobre todo, es injusta.

Imagínese la situación de quien llega el primer día con entusiasmo, con ganas, con la tranquilidad de que por fin tiene un empleo estable. Ese empleado asume, de buena fe, que la empresa ha hecho lo que la ley ordena. Y esa buena fe depositada en el empleador, cuando no se corresponde con la realidad, deja a la persona en una situación que no eligió y que no conoce.

La seguridad social no es un premio al desempeño

Este es probablemente el error conceptual más extendido entre los empleadores que postergan los trámites de inscripción. Hay quienes piensan que tiene sentido esperar a ver si la persona funciona antes de invertir en su protección social.

La normativa laboral no reconoce ese criterio como válido. En el momento exacto en que se inicia la relación laboral, el empleador adquiere el deber de inscribir al trabajador en el sistema.

Ningún sistema jurídico serio contempla la opción de postergar la afiliación hasta que el empleador esté seguro de querer mantener al trabajador. Y a pesar de ello, este comportamiento es frecuente. Y esa frecuencia es una señal de alerta que el mundo empresarial no puede seguir ignorando.

El costo humano real de cada día que pasa sin que el empleado esté registrado en el sistema

El sistema de protección social existe para garantizar que ningún trabajador quede desamparado cuando más lo necesita.

Esa red cubre la enfermedad que aparece sin avisar. Pero esa protección solo opera si los trámites de afiliación se completaron antes de que ocurriera el imprevisto.

Cada jornada obtener más información laboral sin registro en el sistema es un día en que la familia del empleado vive expuesta sin saberlo.

La empresa que cumple con sus trabajadores construye sobre suelo firme

Más allá de la obligación legal y del imperativo ético, hay un argumento pragmático que los empleadores más pragmáticos deberían considerar: las empresas que protegen a sus trabajadores generan entornos laborales más estables, más productivos y más atractivos para el talento.

Un empleado que percibe que la empresa cumple sus compromisos desde el principio desarrolla un nivel de compromiso que no se obtiene con ningún incentivo económico.

Y en el otro extremo, cuando un empleado se entera de que estuvo desprotegido durante sus primeras semanas, la confianza depositada en la empresa se quiebra de una forma que difícilmente se recupera.

Afiliar desde el primer día no requiere grandes recursos ni revisa aquí procesos complicados

El mayor impedimento no es la falta de medios sino la falta de prioridad.

Cuando un empleador establece que este trámite es el primero de la lista cada vez que incorpora a alguien, la inscripción deja de ser un pendiente para convertirse en el punto de partida de cada nueva relación laboral.

Registrar al empleado en el sistema de protección social desde el momento en que inicia sus funciones es, más que cualquier otra cosa, un acto de integridad.

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